Momento
Podía recordar muchos
momentos a su lado y estamparlos en su memoria con el calor de la nostalgia, y
eran sin duda, momentos deslumbrantes de esos que cuando los vives te das
cuenta de que pasaran a tu historia mas intima e irrepetible, tan especiales
que al respirarlos sientes dentro de ti un escalofrió de gozo y congoja. Si, la
lista de los momentos era extensa pero era obstruida de forma insolente por no
decir hostil, por instantes menos brillantes, por segundos veloces en los que
no había grandes declaraciones ni decorados espectaculares, ni siquiera
vestuarios escogidos con esmero para la ocasión o músicas ambientales que
permitieran escuchar mejor la llamada de la piel.
Y por encima de todos ellos
había un instante que regresaba de forma constante, e invariable cuando se
hundía en la cama ( sin ella) y dejaba que su mejilla reposara en la almohada
(sin ella) y cerraba los ojos (sin ella). Recordaba entonces, y solo entonces
como los dedos de ella horadaban la oscuridad antes de darse las buenas noches,
como palpaban su rostro para encontrar sus labios y como, al encontrarlos, los
apretaba con suavidad, como si los sellara para que descansaran de tanto beso,
de tanta palabra inoculada de sentimientos tiranos. Y no era necesario decir
nada: le robaba las palabras para entregarle su silencio, y tras ese canje
dormían abrazados, o mejor dicho, fundidos.
Ahora a él solo le quedan
las palabras por que el silencio se fue. Con ella.
Buenas tardes noches primaverales desde el Jardín....
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